domingo, 16 de diciembre de 2007

Un sapo

Jueves o martes de la semana pasada, a quien le importa, un pequeño sapo se cruzó por mi camino una cuadra y media antes de llegar a mi recinto laboral en las entrañas del barrio porteño de la Boca, y pensé:

- "la verdad es que te prefiero así, un sapo mas que príncipe encantado. Prefiero verte hambriento de verdad saltando de charco en charco día tras día, buscando saciar tu mente con diferentes ideas que se te escapan como insectos voladores.
Prefiero que seas un batracio de piel verrugosa que un príncipe azul encantado, por que de ser un príncipe intentarías despertarme de mis sueños con un beso, en cambio de acostarte a mi lado para que juntos soñemos lo eterno; si fueses príncipe encantado te arrodillarías frente a un ideal con zapatitos de cristal, y yo huiría mucho antes de las doce de la noche. Te aseguro que no habría finales felices si buscases un gato con botas que nos una, por que este haría todo lo contrario.
Así que quedémonos así, sin inconclusos finales felices de cuentos de hadas, no quiero noches de valses, ni bravos caballeros que me rescaten de seres mitológicos.
Deberías saber que, al fin y al cabo, yo no soy más que un constante sapo de otro pozo chapotee donde chapotee. ¿Y es qué todavía no ves lo obvio? Así como somos, somos el uno para el otro."-