lunes, 8 de octubre de 2007

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Hay letras que corren por mi venas como glóbulos rojos.
Estas letras forman palabras,
palabras que juntas se hacen frases,
frases que se unen y hacen versos,
versos que se entrelazan y me dan vida.

De los veinte a los ochenta

Tiempo al tiempo,
te perdes en la desidia.
Sos como botella vacía
sobre la mesa de aquel bar,
de los veinte a los cuarenta
de obrero a burguesía,
ya no soñas ni suspiras
por revoluciones perdidas.

Tiempo, necesidad de tiempo.
Sos un epigrama de tu ayer,
del socialismo a la fachada y
tu triste no juventud disfrazada.
Vacía botella no retornable
al tacho de las profundas mentiras,
hasta el fondo fueron tus alegrias
de saberte parte del todo, a alegoría.

Tiempo, ya no hay mas tiempo.
Si tu yo de los veinte te viera,
meteria el pie para que tropezaras
y así cayeras en vergüenza.
Y con risa nerviosa, apático,
soltaría un comentario sarcástico,
sobre tu casa en el campo
y tu esposa estilo “gato”.

Tiempo, se te acabó el tiempo.
Y Aun no te duele que por el oro
el mundo se vaya al inodoro.
No hubo cambio y buscas culpables
sos tan farsante como no retornable,
mas por esto, no es excusable,
Que de los veinte a los ochenta
decidieras vender tus ideas.